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REFLEXIONES SOBRE EL FINAL DE UN AMOR (Anónimo) Yo aún no he superado todo… ha pasado solamente un mes… pero me siento mucho mejor porque al contrario de las otras veces, estoy tratando de vivirlo en el mejor modo posible… aquel de observar bien el dolor que siento, la sensación de la posesión pérdida… sin ningún deseo de que todo termine pronto, no porque sea masoquista… sino porque estoy cansado de tratar de huír del dolor… porque sé que en este modo dura más… Apenas me dejó escribí esto solamente para mí: mariposas nocturnas atraídas incesantemente por las llamas que queman las alas… como un drogadicto en búsqueda de su dosis… el alivio es demasiado leve y la abstinencia, puntual, regresa cada vez más fuerte… otra dependencia para retar… como el remolino de un remo en el agua, así quisiera expulsar la esperanza… que es la única cosa que me derrumba… más que el ardor de la posesión perdida… más que una gota que baja de la mirada… más que los mostros de la noche… y que los fantasmas del despertar… y todavía más: más que el temor de los caminos divergentes… la esperanza derrumba muros y defensas, la esperanza consiente, tranquiliza, debilita y cada vez prepara el camino para el dolor malo, ese de la autocompasión y del orgullo herido… de la dignidad ausente… el dolor bueno está aquí, ahora, en el perfume de todo lo que florece… en la rumorosa alegría de los pájaros… y en las voces alegres que llegan desde la otra orilla. El dolor bueno y solitario, silencioso, no se le cuenta a nadie; es la energía suficiente para quebrar la esperanza, es la conciencia de haber estado alerta con cuatro ojos… que no veían por uno… de haber hablado gritando con dos voces, sin ser siquiera escuchados… ahora aparece así la figura de aquel ser que quise con todo el corazón… y que se fue para siempre… y vuelo alto, porque entendí que vale más una fase de tristeza tierna y sincera que el olvido de una vida infeliz… porque la tristeza llena sólo para vaciar… y vacía… sólo para llenar de nuevo, la copa del néctar de la dicha… Mejor un dolor que grita, que una herida siempre abierta. “Un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, miseria, indefensa, nada”. Esta dolorosa frase de C. Pavese sintetiza bien la condición de quien se encuentra frente al final de un amor. Esta condición es más grande entre más lacerante sea la reflexión sobre el final de un amor. Reflexiones que por atribución de sentimientos de culpa, voluntad de auto castigarse por lo que pasó, pérdida de confianza hacia sí mismo y hacia los demás, puede llevar a verdaderos estados depresivos. Se hace entonces necesario efectuar un proceso hacia la superación de este final. Primero que todo se debe aceptar que el amor terminó y que en el terminarse nos ha desarmado completamente, como en la frase de Pavese. Sin una aceptación de esto, cualquier proceso es inútil. Parece descontado pero no lo es. Al principio, sobre todo si el final llega en manera imprevista, se tiende a negar todo o por lo menos a minimizar. Se cree que el otro regresará, que confundió algunas dudas u otras cosas con falta de amor. Luego que se llega a aceptar que el amor realmente se acabó, se cae en un oscuro, lacerante dolor. Entonces hay que concederse un período de duelo . En este período, que puede durar días o semanas y a veces meses, se debe sacar afuera todo nuestro dolor. Hay que llorar todas las lágrimas de este mundo. En este período puede servir la compañía de una persona querida, que simplemente escuchándonos, recogiendo nuestro dolor, nos aliviará un poco el sufrimiento. Se debe también expresar toda la rabia que se tiene dentro. Se debe analizar la eventual sensación de culpa que se tiene. Se necesita una separación total de la persona que nos dejó. Con frecuencia, para sufrir menos, se tiende a mantener un mínimo de relación, de tipo amigable, con el otro. Nos ilusionamos con que así el dolor será menos lacerante, mientras esto no hace más que prolongar la agonía. Además, este comportamiento esconde la esperanza, casi siempre inconsciente, de que el amor pueda regresar. Entonces, antes de poder retomar una relación aunque sea mínimamente formal con el otro, se necesita tiempo. Como sugería ya Ovidio en su tratado “Remedia Amoris”, evitar lugares y situaciones de la relación que se acabó. Con frecuencia se tiende a regresar al “lugar del delito”, a querer revivir simbólicamente el amor terminado, con el fin de atenuar el dolor. Esto no puede ser más errado, es sólo una especie de masoquismo sentimental que prolonga aún más la agonía. El evitar lugares y situaciones del amor terminado hace parte de la separación absoluta, es necesario para superar el duelo. Actuar . Mientras tanto, se debe hacer algo positivo para sí mismo, para llenar el vacío que dejó la persona amada. No se puede interrumpir una relación de dependencia sin sustituirlo por algo que llene el vacío. La nueva “dependencia” debe ser positiva, hay que buscar un nuevo interés fuerte, que quizá no llene del todo el inmenso vacío que sentimos, pero sin embargo ayudará. La naturaleza humana repele el vacío, sobre todo en el área del comportamiento y de las emociones humanas. Si no llenamos, aunque sea parcialmente este vacío, el comportamiento dependiente se refuerza. Recordemos la máxima del filósofo Nieztsche que dice: “Todo aquello que no me mata me favorece”. El final de un amor representa también una oportunidad de crecimiento, de reforzar nuestra capacidad para superar las dificultades. Además puede representar el inicio de un recorrido que nos lleve a conocernos mejor a nosotros mismos. Si logramos alcanzar todo esto, seremos con seguridad más fuertes y maduros. Entender cuáles vacíos internos colmaba este amor tan fuerte y pasional. En efecto, con frecuencia los sentimientos muy fuertes no se deben al amor por el amado, sino a carencias afectivas del pasado. Reconstruir los “abandonos del pasado”. No debemos olvidar que nuestro estilo de superar el final de un amor está ligado a nuestros primeros “abandonos”, aquellos infantiles. En efecto, creo que según como hayamos sido “abandonados” y hayamos vivido y superado dichos “abandonos” de niños, así viviremos los actuales y futuros. Entender todo esto nos ayuda a superar mejor el final de un amor, de cambiar el “libreto” del pasado. No olvidarse del “ doctor Tiempo” que con su transcurso cicatriza cualquier herida. Al respecto los antiguos griegos distinguían dos conceptos diversos de tiempo. Cronos es el tiempo cronológico, aquel de las horas, los días y los meses. El pasar de Cronos es importante para superar un amor. Algunos autores piensan que se necesitan al menos seis meses para superar un luto o un abandono, pero esto es subjetivo. El otro concepto de tiempo es Kairós, que es un tiempo individual, un tiempo necesario para decir “basta”, es decir el tiempo del cambio interior. Es aquel momento en el que nos damos cuenta de que llegó el momento de voltear la página. Una síntesis de los dos diferentes tipos de tiempo es un verso significativo de U. Saba: “Muta el destino lentamente, en un momento precipita”. Por más que sea doloroso y lento el proceso de superación del final de un amor, llegará un momento en el que se darán cuenta de estar curados. Y se darán cuenta de que el más grande amor es aquel que está por venir. Recuerden, de frente a la oscura desesperación por el final de un amor, este aforisma: “Se ha asomado varias veces al abismo. Ha estado varias veces a punto de caer. Pero al final no ha caído. Cerca al abismo, no ha conocido la caída. Ha habido resbalones, desviaciones, desilusiones, cansancio, pero la vida ha siempre vencido.” (P. Besson) Concluyo con una metáfora: superar el final de un amor, de una relación, es como atravesar un túnel oscuro del que no conocemos el tamaño pero que tiene una salida. Al ingreso del túnel, con los dos pies adentro, nos desesperamos por salir de inmediato, pero desafortunadamente el ingreso ya está cerrado. Tocar a esta puerta es inútil, sólo hace perder tiempo. Pero tampoco se puede salir rápidamente. Ve a través de todo el túnel y mientras lo atraviesas habrá momentos de desaliento en que se piensa que no se llegará nunca al otro lado, pero esto forma parte del recorrido. En algún punto del túnel querremos parar porque sentimos que no tenemos más fuerzas para continuar adelante. Pero se parte de nuevo y la salida tarde o temprano llega. Pero este tarde o temprano depende de nosotros. Entre más rápido lo atravesemos, sin excusas, más rápido saldremos. Dr. Roberto Cavaliere Presentado por: Isabel Cristina Càrdenas Nino Psicòloga Universidad Santo Tomàs de Aquino (Bogotà, Colombia) Especialista Psicologìa Clìnica y del Desarrollo, Seconda Università degli Studi di Napoli (Nàpoles, Italia) Curso en Tècnicas de Meditaciòn y Tratamientos Psicocorporales, Università Popolare (Nàpoles, Italia) Ex-decana Facultad de Psicologìa Universidad Antonio Narino (Cartagena, Colombia) Ex-docente de Psicologìa Clìnica Humanista y Coordinadora de Pràcticas profesionales Universidad de San Buenaventura (Cartagena, Colombia) Coordinadora de las traducciones de Italiano de la Organizaciòn Mèdicos Descalzos (Espana) Para leer el curriculum completo del Dr. Roberto Cavaliere, visita la secciòn correspondiente. Contactos: tel. 320-8573502 email: cavalierer@iltuopsicologo.it
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