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“La traición non pone de frente a la más grande tragedia de las relaciones humanas: el desconocimiento del otro”. G. Turnaturi La afirmación de la socióloga Turnaturi evidencia que la traición coincide, frecuentemente, con la toma de conciencia por parte del traicionado, de que el otro es un individuo que supuestamente conocían pero que en cambio se manifiesta en modo diferente y desconocido. La traición non pone de frente a la toma de conciencia de la individualidad de cada uno de nosotros y de lo precario de cada relación humana, independientemente de su duración y de la profundidad del vínculo instaurado. Al respecto, Baumann afirma: Hasta que dura, el amor corre el riesgo de la derrota. A medida que avanza disuelve el propio pasado; no se deja a la espalda trincheras fortificadas en las cuales poderse retraer y buscar refugio en caso de problemas. Y no sabe qué le espera y qué puede depararle el futuro. No obtendrá nunca la confianza suficiente para dispersar las nubes y calmar el ansia. El amor es un préstamo hipotecario hecho sobre un futuro incierto e inescrutable. Eso no impide que cuando nos enamoramos nos hacemos la ilusión de que será para siempre y esta es una ilusión compartida por los dos miembros de la pareja. La relación de amor en una pareja es uno de los principales vínculos que establecemos, pero además ponemos a riesgo nuestra confianza en el mundo y en nosotros mismos. El vínculo de pareja puede representar, en el modo más puro e intenso, el deseo de eternidad y de seguridad de una persona, la exigencia de superar los límites y lo indeterminable de la vida presente, la contingencia de las cosas. Por eso la traición en la pareja representa en modo ejemplar, el escepticismo hacia nuestra identidad y hacia el mundo externo. Lo precario de las relaciones, de los sentimientos y de los eventos que nos han llevado hasta donde estamos. Más allá de quién es el traidor y de quién el traicionado, la traición implica la relación en sí, es decir, el Nosotros, más allá del Yo y del Tu. Entonces, los dos miembros de la pareja, aunque con modalidades diferentes, están implicados en la génesis de la situación extraconyugal. La existencia de esta relación extraconyugal es signo de un malestar de la pareja, de un malestar del Nosotros. El significado originario de la palabra traición viene del latino tradere, equivalente a consignar, entendido en el sentido de consignar a los enemigos. Y en efecto, la traición consigna la parte de nosotros que el otro ha invertido en la relación, a otra persona. El Nosotros, una vez privado de la presencia del otro, es como si de pronto se desintegrara dejando solos el Yo y el Tu . La experiencia de la traición tiende a atravesar cuatro fases diversas: aquellas inicial y final, que varían según las situaciones, y las dos intermedias que son comunes en todas las experiencias de traición. las cuatro fases no se deben entender netamente separadas entre sí, sino más bien interrelacionadas. La sucesión temporal de las mismas es como sigue: La primera fase es la de la génesis de la traición: cómo madura, las posibles causas, las señales anticipadoras. Respecto a las posibles causas, esto se tratará en el artículo correspondiente. En el presente artículo, hablaremos de las señales anticipadoras, que están siempre presentes. Generalmente hay diferencias entre los hombres y las mujeres en el desarrollo de la relación extraconyugal. Las mujeres ligan la traición a un envolvimiento emotivo y amoroso, a una insatisfacción en la relación y tienen más dificultad para vivirlo clandestinamente, aunque tienden a “esconderlo” mejor. Los hombres, al contrario, lo ligan más al placer sexual y no inician una relación extraconyugal por motivos de insatisfacción respecto a la pareja, no tienen grandes di facultades para vivirlo clandestinamente sino al contrario, esto aumenta el placer de la relación, aunque son menos buenos para “esconder”. La traición sigue un camino de desarrollo en el que pasa de una fase donde hay problemas no discutidos o no resueltos en la pareja y los cónyuges se sienten sin salida, a una fase en la que se desarrolla la traición en sí, la situación en la que el cónyuge insatisfecho resbala en la relación extraconyugal. En este estadio el infiel niega y el otro trata de ignorar las señales de la relación. Otro paso importante es la revelación, que representa el momento más dramático, pues implica un corte neto entre un antes y después en la historia de la pareja y del matrimonio. La revelación lleva a la crisis del matrimonio, el cónyuge se ve obsesionado por el problema, en este punto crítico se encuentra ante la decisión de romper del todo o de tratar, a través del perdón, de llegar a la reconciliación. Al inicio de la traición, hay una especie de regresión a la adolescencia. El esquema sentimental recuerda, en efecto, esa edad caracterizada por amores fuertemente pasionales, acompañados por un volcán de emociones. Pero a diferencia de aquellos amores, esta vez habrá consecuencias más que todos imprevisibles que vienen pasadas por alto, se prefiere no verlas. La traición mantiene siempre la relación en un estado encantado, porque no implica las peleas, lo cotidiano, las preocupaciones típicas del matrimonio. Aunque, con el tiempo, se puede convertir en una fuente de grande ansia para poder conciliar tiempos y lugares para dedicarles a dos relaciones diversas. La duración de la traición es indefinida, puede ir desde pocos días hasta varios años. Pero cuando dura bastante o termina el matrimonio, puede convertirse casi en un matrimonio paralelo. Respecto a el descubrimiento de la traición, a veces sucede por “confesión”, a veces los amigos lo dicen al cónyuge, con frecuencia el mismo cónyuge descubre pistas como un mensaje, una factura u otros similares, que le dan sospechas fundamentadas. Si una traición viene perdonada, casi siempre se trata de un perdón incompleto, es decir, se cree que se ha perdonado pero la herida queda aún viva. En estos casos se perdona más que todo por el temor de perder al otro, aunque haya traicionado. Pero la traición termina por representar un corte entre antes y después en la pareja. Nos damos cuenta de que la crisis empeora, que no existe la misma intimidad, que no se puede regresar al “antes” con el gesto del perdón. El perdón de una traición requiere una elaboración al igual que un duelo. A continuación un testimonio significativo sobre la traición: No tiene importancia cuántos años tengo, quiero solamente dar mi testimonio personal sobre el tema de la traición. Traicioné a un marido “perfecto”. Viví mi traición como un “fuerte” sentimiento. Conocí al “otro” sin buscarlo y sin quererlo y no importa tampoco cómo ni dónde. Lo conocí, simplemente, por casualidad, por una serie de circunstancias fortuitas, y caí en su abrazo. Pero ese no es un abrazo que te hospeda y te desea, no lo has buscado y no te ha buscado, simplemente caes dentro y no quieres ver. No quieres ver porque tu corazón no debe ver aquello que le gusta a tu cuerpo. Porque a veces es bello dejarle la posesión de la voluntad solamente a tu cuerpo, apagar el corazón, gozar con sensaciones físicas, vibrar de plenitud y de satisfacción física, perderse y liberarse, gritarle a tu cuerpo que te hace estar bien. Después, pasado ese momento, regresas a ver y no te encuentras, recuerdas lo que sucedió pero como no estás conectado al corazón, te falta el sentido de lo que sucedió y solamente quieres irte. Saludas y te vas. No quedan huellas, porque sabes que tu felicidad pasa por otros brazos. Cuando en cambio la traición es un fuerte sentimiento que golpea el corazón, te conviertes en su esclava. Cuando del otro quedan las huellas, sus ojos, sus rasgos, sus movimientos, su voz… no te liberas más de todo esto. Puedes desconectar el cuerpo del corazón, tu cuerpo puede continuar como un títere a permanecer allí, obligado por los compromisos adquiridos, pero el corazón va hacia otra parte. La fuerza del sentimiento hace que así sea cerca o lejos, presentes o ausentes, el hilo de la relación sea siempre tenso y vibre continuamente. Deseas al otro, respiras al otro, vives al otro y pierdes la paz. Y en casa te sientes sola. Te sientes enloquecer. Quisieras no haber conocido nunca al “otro”. Dr. Roberto Cavaliere Presentado por: Isabel Cristina Càrdenas Nino Psicòloga Universidad Santo Tomàs de Aquino (Bogotà, Colombia) Especialista Psicologìa Clìnica y del Desarrollo, Seconda Università degli Studi di Napoli (Nàpoles, Italia) Curso en Tècnicas de Meditaciòn y Tratamientos Psicocorporales, Università Popolare (Nàpoles, Italia) Ex-decana Facultad de Psicologìa Universidad Antonio Narino (Cartagena, Colombia) Ex-docente de Psicologìa Clìnica Humanista y Coordinadora de Pràcticas profesionales Universidad de San Buenaventura (Cartagena, Colombia) Coordinadora de las traducciones de Italiano de la Organizaciòn Mèdicos Descalzos (Espana) Para leer el curriculum completo del Dr. Roberto Cavaliere, visita la secciòn correspondiente. Contactos: tel. 320-8573502 email: cavalierer@iltuopsicologo.it
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